EL VIAJE DE LOS FÁRMACOS POR EL CUERPO HUMANO
INTRODUCCIÓN
Los fármacos
son parte inseparable de nuestra vida y vivimos rodeados de ellos. Nos pueden
salvar la vida y a veces por exceso quitárnosla.
Hay
fármacos para todos y para todo: para aliviar los síntomas de una gripe común,
un dolor de estómago o de cabeza, o para tratar el cáncer, enfermedades
metabólicas o problemas psiquiátricos. Pero ahí no para la cosa, hay fármacos
para la actividad sexual, para conciliar el sueño, para olvidar el dolor físico
en cuestión de segundos, entre otros para diversas funciones. Para que un
fármaco sea efectivo debe de unirse a un número suficiente de moléculas blanco,
o sea, a los receptores o enzimas a las que va dirigido. El factor que
determina la eficacia del fármaco es su afinidad con el blanco; las moléculas
del fármaco ocupan progresivamente centros de unión de su proteína blanco a
medida que aumenta su concentración, hasta alcanzar un límite.
Se
dice que un fármaco es un buen modulador de su blanco cuando después de
localizarlo llega hasta él para hacer su trabajo. Pero no es la única chamba
del fármaco.
En un
principio vemos que el fármaco y nosotros con él en nuestro interior tuvo que
sobrevivir a la acidez del estómago y posteriormente ser absorbido en el
intestino por las células del epitelio intestinal. Fue emocionante ver cómo
atravesó las membranas celulares y nos asombramos al observar que las moléculas
grandes o muy polares no pudieron hacerlo (las moléculas polares son llamadas
así porque tienen su centro de carga positiva y negativa separada una de la
otra). Ahora entendemos por qué algunos fármacos se administran por vía oral y
otros por vía intravenosa.
El
médico y químico Christopher Lipinski se dio cuenta de algunas características
que tienen los fármacos con mala absorción, es decir, se absorbe muy poco de
ellos y por ende es muy probable que no puedan cumplir su función. En base a
ellas estableció cuatro reglas para garantizar una buena absorción que son
conocidas como reglas de Lipinski: el peso molecular de un fármaco no debe ser
mayor de 500, esto es, que las moléculas que lo componen no deben ser grandes
ni pesadas; el número dador de puentes de hidrógeno debe ser mayor de 5 y el
número de aceptores de puentes de hidrógeno debe ser mayor de 10. Estas dos
últimas reglas tienen que ver con la polaridad de la molécula para que pueda
atravesar las membranas. Y, por último, el coeficiente de partición, que se
mide como un logaritmo y que debe ser mayor de 5. Este coeficiente indica la
tendencia de una molécula a disolverse en las membranas celulares
Las
reglas empíricas de Lipinski nos dicen qué tan adecuado puede ser un fármaco
para que sea absorbido y pueda realizar su acción cuando se toma oralmente. Una
aclaración, sólo los fármacos tomados oralmente tienen que pasar por la primera
etapa de absorción, los fármacos que no se toman oralmente, pasan directamente
a la distribución. La albúmina es la proteína más abundante en la sangre y por
eso nuestro fármaco inevitablemente terminará en ella. Pero existe otro pequeño
inconveniente, y es que la albúmina viaja por todo el cuerpo y nos puede
desviar mucho del destino del fármaco. Ahora, si en el recorrido por el
torrente sanguíneo llegamos a diferentes compartimentos tejidos o fluidos como
los llaman los farmacólogos, veremos que si nuestro fármaco es eficaz llegará a
su blanco en cantidad suficiente para cumplir con su objetivo y ejercer su
función; es decir, sabremos por la constante de disociación si nuestro fármaco
en su viaje llegó a su destino. Si un fármaco tiene una amplitud de
distribución grande, es decir, si el compuesto se distribuye entre varios
compartimentos, el fármaco será poco eficaz. Al llegar a los hepatocitos
células del hígado vemos que nuestro fármaco puede ser metabolizado o El viaje
de los fármacos por el cuerpo humano desintegrado por este órgano paso 3, lo
cual plantea una seria amenaza a su efectividad pues puede disminuir su
concentración. Si éste es el caso, nuestro médico debió habernos indicado tomar
más a menudo el fármaco o una dosis mayor, ya que es rápidamente eliminado por
el hígado. En los hepatocitos vemos que nuestro fármaco es metabolizado de las
dos formas más comunes que utiliza el hígado: la oxidación y la conjugación,
una después de la otra. Si se oxida nuestro fármaco, se favorece su excreción o
desecho ya que se hace más soluble en agua o lo introduce en grupos funcionales
átomos o grupos de átomos que le otorgan características de reactividad
particulares a las moléculas para realizar reacciones posteriores de
eliminación que pueden suceder el fármaco sufre el proceso de conjugación, esto
es, se le agregan diversas moléculas como el glutatión, el ácido glucurónico y
algunos sulfatos. Estas conjugaciones de moléculas tienen como objetivo
aumentar su solubilidad en agua y proporcionar etiquetas que dicen que tienen
que ser desechadas. El hígado no es el único sitio donde se realiza la
transformación metabólica del fármaco, existen otros sitios como el riñón, la
sangre, el pulmón, las glándulas suprarrenales y el intestino delgado, aunque
la mayoría de veces se realiza en el hígado.
Los
sitios donde se lleva a cabo el metabolismo de los fármacos. Las fases de
oxidación y conjugación son llevadas a cabo en el hígado sistema microsomal y
dado que en los otros tejidos no ocurren estas reacciones a veces se les conoce
como sistemas no microsomales. Algunos fármacos al ser metabolizados aumentan
su actividad en vez de favorecer su eliminación o bajar su actividad. Un
ejemplo de esto es el minoxidilo un fármaco que estimula el crecimiento del
cabello que al ser conjugado por medio de sulfatos aumenta su actividad
farmacológica. Al final tenemos que ser eliminados de la circulación y
excretados por dos rutas principales y que tal vez son la parte menos atractiva
del viaje, la orina o las heces fecales. Viajemos al riñón y de nuevo un poco
al hígado, aunque, de nuevo, no son los únicos participantes en la eliminación,
nuestra parada final. Vayamos al riñón. Los fármacos y metabolitos remanentes
pueden ser eliminados por la orina. Para este proceso la sangre debe atravesar
una red de finos capilares que actúan como si fueran filtros.
Vale la pena mencionar que algunos compuestos
de bajo peso molecular como el agua, los nucleótidos o las moléculas de
glucosa, pueden reabsorberse aquí y regresar a la circulación sanguínea, entonces
los fármacos y metabolitos que pasan esta filtración y no son reabsorbidos se
desechan por la orina. Ahora seremos eliminados por la otra vía que incluye a
la vesícula biliar y el intestino para salir excretados por las heces fecales
no todo es agradable en los viajes. Pero podemos seguir otro viaje alterno, si
no somos eliminados somos reabsorbidos por el torrente sanguíneo o somos
degradados por enzimas digestivas.
CONCLUSIÓN
Algunos
fármacos entran a la circulación entero hepática, en donde se reciclan y se
desplazan desde la circulación sanguínea al hígado, de ahí a la vesícula
biliar, después al intestino, de nuevo al hígado y a la circulación sanguínea.
Este ciclo disminuye la velocidad de excreción de algunos fármacos y puede ser
un problema. Así mismo, los farmacólogos tienen una definición útil para medir
la velocidad de eliminación de un fármaco y se llama vida media. Este concepto
teórico indica qué tanto tiempo permanece en el humano una concentración eficaz
de un fármaco después de su administración y el dato es de gran importancia.
Por ejemplo, un fármaco con vida media larga debe tomarse una sola vez al día,
mientras unos con vida media corta, dos o tres veces al día.
BIBLIOGRAFÍA
De Jesús Arellano
Palma, I., Dawson, Taylor y Reide, & Rudin, M. y Weissleder, R.
(s. f.). El viaje de los fármacos por el cuerpo humano. CIENCIORAMA.
muy buena explicación se entiende de manera clara lo readaptas
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